Todo (o casi todo), en nuestra cultura europea, tiene como hito fundacional la cultura grecolatina. Iniciemos este viaje en el tiempo a la Grecia clásica, al esplendor de Atenas y la expansión de sus ciudades (polis) comerciales en el Mediterráneo, y el nacimiento de la filosofía como sistema racional del pensamiento (del mito al logos). Con el auge de la democracia en Grecia surge la necesidad de educar a las élites en las habilidades políticas y retóricas que requería participar en esas asambleas y en el desarrollo cultural y científico de Atenas. Tras la pedagogía oral, en diálogo, de Sócrates, su maestro, Platón funda la Academia, y su discípulo, Aristóteles, el Liceo. Ambas instituciones educativas, concebidas como escuelas de filosofía o sabiduría, son espacios situados a las afueras de la ciudad, rodeados de naturaleza y con un recinto deportivo o gimnasio integrado en esa residencia donde los discípulos conversan con el maestro mientras beben vino o pasean. Son entornos de convivencia, de transmisión de la sabiduría del sabio a los aprendices, costeables para la clase alta de esa sociedad, que integran saberes muy amplios (matemáticas, astronomía, ejercicio físico, oratoria y metafísica, y donde la estrategia didáctica fundamental es el diálogo, ya sea que se desarrolle como intercambio dialéctico (tesis vs antítesis) o bien como una mesa de discusión: turnos de habla en los cuales cada participante ofrecía su respuesta al dilema o su discurso en relación al tema discutido (simposios).
Aquí nacen, por tanto, las primeras formas organizadas de educación filosófica. Espacios de conversación, estudio, vida comunitaria. El maestro, más que explicar, guía la comunidad de aprendices hacia una búsqueda común: el conocimiento de la verdad, el desarrollo de la virtud y la vida saludable.
| Restos de la Academia de Platón (s. IV A.C., Atenas) |
Otro hito fundamental, ya en la Edad Media europea, fueron las escuelas monásticas, donde el abad transmitía las verdades reveladas de la Biblia y otros documentos religiosos (como el Comentario al Apocalipsis de San Juan, del Beato de Liébana) a la comunidad de monjes jóvenes y donde su ejercicio de escucha devota debía compaginarse con las horas de copia a mano e ilustración de los manuscritos que llegaban al monasterio. EL currículum fundamental era la palabra de Dios, revelada en la Biblia y en la interpretación que hacen de ella sus teólogos y catequistas. También se aprendía cantando, entonando en comunidad rezos (o cantos gregorianos, como en el caso de los monjes de Silos), disolviendo el ego individual en una fe colectiva.
| Auge de las universidades europeas en los s. XVI y XVII El saber intelectual, no obstante, seguía en manos de una minoría letrada. El salto a (casi) toda la sociedad, la creación de la educación pública, fue avanzando siglo a siglo hasta desplegarse completamente en el s. XIX, de la mano de otras revoluciones: |
- la Revolución industrial, que genera una clase proletaria que necesita ser instruida para ser más eficaz en el trabajo;
- la consolidación del Estado-nación, tras la lógica racionalista y anticlerical de la Revolución Francesa y el imperialismo de las potencias europeas (como el Imperio Británico), que necesitan formar a la sociedad entera para que comparta un conjunto de conocimientos, identidades, valores y habilidades para el buen funcionamiento del nuevo orden estatal o imperial.
Con la escolarización obligatoria llegan nuevos problemas organizativos: ¿cómo educar a muchos niños a la vez? ¿cómo mantener la atención y la disciplina? ¿cómo evaluar? La escuela se convierte en una organización moderna, jerárquica, segmentada, con funciones distribuidas y objetivos definidos. Louis Althusser (1970) propone la idea de escuela como aparato ideológico del Estado, una institución que forma sujetos obedientes y funcionales al orden social.
Me sorprende mucho la diferencia entre las didácticas de los varios momentos históricos, mientras en la antigua Grecia el diálogo con los discípulos era fundamental, en la Edad Media lo que hacían era copiar los manuscritos. Además, mientras en uno hay más igualdad entre maestro y discípulo, en el otro se introduce una escala jerárquica en la educación. Sin embargo, en casi todas las didácticas, el alumno/discípulo tenía que exponer lo que había aprendido. Eso puede significar que la exposición oral trae resultados positivos al aprendizaje. Esta didáctica tiene cierta semejanza con la didáctica de flipped classroom adoptada en Finlandia, puede ser?
ResponderEliminarMuy valioso el contraste que estableces entre una didáctica más "dialógica" (Platón o Aristóteles) y otra más "monológica" (escuelas monásticas). Estos términos, dialógico vs monológico, son de Bajtin, un filólogo ruso cuyas herramientas de análisis han sido aplicadas a la educación (por ejemplo, Paulo Freire sería un autor fundamental, a nivel mundial, de una educación dialógica). No obstante, valdría la pena matizar. En esas escuelas privadas para la élite intelectual ateniense, los maestros utilizaban el diálogo y la discusión para ayudar a los discípulos a "descubrir" la verdad, a despertarles de su ignorancia y sus percepciones equivocadas sobre el mundo (el mito de la caverna de Platón, por ejemplo). En ese sentido, el diálogo estaba orientado al aprendizaje de una verdad que no era discutible. Por el contrario, en las escuelas monásticas, se copiaban y enseñaban textos de los Padres de la Iglesia, que a su vez interpretaban, con herramientas teóricas tomadas de la tradición cultural europea, también de la pagana (Platón, Aristóteles), las verdades reveladas de la Biblia. Así que en cierto modo la interpretación, el análisis crítico de los textos sagrados, también formaba parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, modelando un pensamiento analítico-crítico que está en los cimientos del posterior desarrollo de la ciencia, aunque nos resulte paradójico desde el presente.
EliminarNunca habría vinculado el Aula Invertida a la tradición grecolatina y las escuelas monásticas, pero esa conexión es sugerente. Abre posibilidades, por ejemplo, de llevar el Aula Invertida a un diálogo más vivo maestro-alumnos (Academia y Liceo de Atenas) y también nos permitiría incluir en los procesos de Aula Invertida la adquisición del conocimiento (fuera del aula) no solo a través de la consulta o consumo de contenidos, sino también a través de la copia o escritura. En suma, para mí lo interesante de tu pregunta no es tanto responderte de forma categórica como aprovechar la pregunta para expandir la reflexión y la aplicación pedagógica de una técnica didáctica, en este caso, el Aula Invertida.
Siempre he tenido la sensación de que muchas veces los docentes "se casan" (se adhieren) a ciertas técnicas didácticas (o lo contrario, las rechazan de forma rotunda). Pero una técnica, en sí, es solo un marco de actuación. Lo más valioso no es cumplir su ortodoxia sino adaptar ese modelo a las necesidades y contextos educativos. En un lenguaje artístico, lo importante no sería utilizar tal o cual técnica, por ejemplo, de pintura (cubismo, impresionismo, etc.), sino expresar, a través de esa técnica (o de la combinación de técnicas), algo valioso, ¿no?
Me parece muy interesante la manera en la que daban clase antiguamente, sobre todo cuando los profesores enseñaban a sus discípulos mientras daban un paseo y tomaban vino. Ya podrían ser así las clases ahora...
ResponderEliminarUna vez terminadas las clases puedo afirmar sin equivocarme que este "tema" ha sido mi favorito, tanto de la asignatura como del cuatrimestre. Quien no conoce su pasado está obligado a repetirlo, pero quien no conoce los logros pasados (como los inicios de la propia educación, más libre y de la mano a la naturaleza o los momentos de disputa de la universidad medieval que, a mi parecer, muestran que la duda y el debate son propios de la educación) se ve obligado a no repetirlos más.
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